miércoles, 22 de diciembre de 2010

Más allá de la puerta tapiada...

Como cualquier mayordomo siniestro y deforme que se precie, me dispongo a daros la bienvenida a mi humilde morada: El Cuerpo del Horror. Éste será (si la fortuna no me es esquiva) un antro en el que podréis leer críticas, reseñas, ideas, opiniones, impresiones, noticias y demás acerca de lo fantástico, lo terrorífico y demás parafílias aberrantes en el mundo del Arte.

Dicen que es de buen anfitrión presentarse brevemente ante el querido público que desee cruzar el umbral de mi mansión -por cierto, advierto desde este momento que no me hago responsable de miedos, temores, terrores nocturnos o pesadillas que puedan producirse en los visitantes del blog, allá cada uno con su responsabilidad-. Pues, bien, vamos a ello: Creo que a estas alturas huelga decir que soy un lector aficionado a la literatura fantástica con un patológico gusto por la literatura de terror. Imagino que, con el tiempo, las entradas irán desgranando los nombres de mi biblioteca ideal: un recinto imaginario en el que no pueden faltar los Poe, Hoffmann, Bierce, Lovecraft, Baker, King, Charlaine Harris, David Wellington y un larguísimo etcétera; sin olvidar la literatura de este tipo que se ha producido, se produce y se producirá en nuestro país - no me da la ganan silenciar la evidente veta fantástica que nuestra literatura tiene-. Así, también esgrimirán amenazantemente sus plumas por aquí los maestros (mi opinión, como todas es subjetiva y, por lo tanto, discutible) del género en España: Latorre, Merino, Pilar Pedraza, David Roas, Fernández Cubas, Max Aub, David Jasso, Eximeno, la infantería antizombis de la línea Z de Dolmen y una larguísima lista repleta de nombres que iré sacando de mi chistera a su debido tiempo -espero que alguno de ellos sorprenda incluso a los aficionados al género-. No obstante, también os advierto de que... no sólo de literatura vive el aficionado al terror ficcional.

Y ahora la pregunta del millón: ¿Por qué El Cuerpo del Horror? El nombre del blog tiene su historia personal, una historia que os paso a contar. En 1981 la escritora Françoise Duvignaud sacó a la luz Le corps de l'effroi, un libro que se vertió al castellano seis años más tarde en el Fondo de Cultura Económica con un título que todos ya habréis imaginado/deducido. Precisamente en el lejano 81, en un pueblecito barcelonés llamado Sant Boi de Llobregat, también salió a la luz otro ejemplar encuadernado en piel y que acabaria recibiendo el nombre de Jordi. Evidentemente, existen otras concomitancias entre lo que se expone en el libro de Duvignaud y algunas ideas que me rondan acerca del terror en el mundo del Arte, pero será mejor dejar la palabra a la autora para que vayáis reflexionando con un par de citas hasta la próxima ocasión:

"El soplo pasa, anónimo, helado, a través de El castillo de Kafka, de Otra vuelta de tuerca de James, o los filmes de terror, o simplemente anida en el maléfico e irreprimible miedo al átomo o a los efectos de la tecnología" (pág. 16).

"La escala del terror permanece en una dimensión más restringida, inscrita en el cuerpo personalizado. Pero la ciudad, al despersonalizarlo, cambia los signos de terror en cataclismo de muerte" (pág. 191).

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