domingo, 4 de noviembre de 2012

De maestros e influencias

Normalmente en cualquier entrevista suele surgir la pregunta: ¿cuáles son tus influencias a la hora de narrar? La mayoría opta por citar ciertos nombres que ya vienen siendo el típico marchamo de calidad en el género del terror: Stephen King, Clive Barker, Ramsey Campbell, Brian Lumley, E.A. Poe, H.P. Lovecraft, Robert Bloch, Bram Stoker, Guy de Maupassant, W. H. Hodgson, Ambrose Bierce, J. Sheridan Le Fanu, Arthur Machen, E.T.A. Hoffmann, Mary Shelley, Matthew G. Lewis, Richard Matheson, Robert Louis Stevenson, Ralph Adams Cram, Richard Middleton, Charles Nodier, Honoré de Balzac, Gérard de Nerval, Montague Rhodes James, Guy Endore, William P. Blatty, Margaret Oliphant, Algernon Blackwood, Théophile Gautier, August Derleth, Robert Aickman... 

La lista la podéis hacer todo lo larga que queráis (y, normalmente, en ella no suelen aparecer nombres autóctonos del país que realizan una magnífica narrativa de terror, estoy pensando en Pilar Pedraza, José María Latorre, Juan José Plans, Emilio Bueso, Carlos Sisí, David Jasso,  David Mateo, Santiago Eximeno, Julián Sánchez Caramazana, Miguel Aguerralde, Care Santos, José Carlos Somoza y un largo etcétera que merecería salir por aquí).

No obstante, aunque he leído todo lo que ha caído en mis manos de todos ellos (es decir, miles y miles de páginas de terror, horror, sustos, sustitos, gore y casquería varia), y ello significa que en mayor o menor medida sus estilos, temas, tramas, personajes, soluciones y vueltas de tuerca me habrán marcado consciente o inconscientemente; hay un nombre que brilla por encima de todos, una persona sin la cual nunca hubiera cogido un bolígrafo y hubiera empezado a pergeñar monstruos (sí, lo reconozco empecé de muy, muy joven con el boli y siempre que puedo acudo a él. Siempre he preferido un bolígrafo o una máquina de escribir al frío teclado de los ordenadores). Y esa persona merecía una entrada en mi blog.

Él es, como muchos de vosotros ya sabréis si me conocéis un poquillo, el genial Ralph Barby (Barcelona, 1939). Para mí, un verdadero monstruo de la literatura española con más de 1.000 títulos a sus espaldas y una mente que siempre está en constante ebullición (todavía hoy), para conseguir hacer llegar su arte (y el de su compañera, Àngels Gimeno, puesto que se puede hablar, con entera propiedad, de un dúo de superhéroes de la literatura pulp).



Además, por si alguno de vosotros no lo sabía, Ralph sigue en activo y como muestra os dejo estos links repletos de delicioso material que harán las delicias de cualquier aficionado a su arte:

- Ha sonorizado un par de libros suyos para que podamos sentir todavía más el terror a flor de piel con SONOLIBRO;

- Ha publicado varios libros recientemente, entre ellos un tomo que reúne dos narraciones de terror, titulado Escalofríos y del que podéis leer un avance aquí y un recopilatorio de 14 terribles casos de crónica negra, Crímenes y verdugos, de la que también os dejo un pequeño mordisco, ambos con la editorial Portilla;

- Podéis encontrar varias de sus últimas publicaciones en Amazon, como sus bolsilibros electrónicos, etc...

Por fin, al bueno de Barby (o al dúo mágico), le están empezando a llover los homenajes; a pesar de que creo que todavía está por llegar el que realmente merece: ver su obra completa otra vez al alcance de cualquier lector (sea en formato digital o en papel, algo que, a día de hoy, tampoco importa tanto).

Si queréis estar al tanto de cualquier novedad que nos regale este magnífico autor que con tanta literatura nos endulzó la vida, podéis seguir su blog, una verdadera herramienta que Ralph usa con brillantez para mantenernos informados de su día a día.

No querría finalizar esta entrada tan personal sin una confesión en toda regla: yo de mayor quiero escribir como Ralph Barby. La verdad es que siempre valoraré el hecho de que me digan que les recuerdo a este genio de la literatura de género (de todos los géneros), al brillante creador que me inculco el amor por la literatura y me impulsó a escribir, a querer dedicarme a espantar a mis lectores con un terror gozoso y horripilante. Sin él, nunca habríais podido leer ni media página firmada por mí.

Muchísimas gracias, maestro. Por todo. De corazón.


Jordi Llavoré